El
Teatro es, para mí, un mundo divido en dos. Y cada polo tiene una
responsabilidad vital que cumplir, para que el teatro siga siendo teatro. Sin
embargo, de nosotros depende que la de ellos se cumpla. Nosotros, gente de
teatro, somos el conducto a través del cual, ellos, los personajes; trasmitirán
al mundo lo que necesita escuchar. Es por eso que tenemos la obligación de
abrir nuestros sentidos, de ir más allá de nuestros limites emocionales y
racionales; de dejarnos morir para permitirles, a ellos, nacer.
Coexisten
dos mundos. El de ellos y el de nosotros. Ellos que sin cuerpo, tienen un alma
deseosa de explotar sus ideas, sus emociones, su historia… Ellos. Seres
complejos, llenos de vivencias capaces de trastocar a la humanidad. Seres que
nos muestran lo que somos. Que nos enseñan que a pesar de todo marco impuesto,
jamás conoceremos los limites de nuestra imperfecta, y por ello hermosa,
humanidad. Ellos que, siendo sólo alma, buscan un cuerpo para cambiar la mente
de cada persona que los escucha.
El
otro mundo, el de nosotros, es más tangible y conocido. Nosotros que, en un
caso ideal, dejamos de lado lo que somos y abandonamos nuestra voluntad para
cederla a ellos. Ellos que tienen mucho más que decir, de lo que nosotros jamás
tendríamos.
Hoy,
siendo el Día Mundial del Teatro, me permito exigir y exigirme a mi misma. Me
permito levantar la voz y reclamar una mayor entrega, un mayor compromiso, una
mayor conciencia humana. Me permito exigirle a todo amante del teatro, a todo
creador, que deje de sólo contar historias y
comience a vivirlas; sea desde una hoja o desde un escenario… que viva,
dejándolos vivir. Que hable, dejándolos hablar.
Me
permito cuestionarme y pedirle al creador teatral que se cuestione ¿Qué esta
sacrificando por el Teatro? Y ¿Qué quiere que el teatro le dé a él?, bajo la
advertencia de que, si al final, la segunda pregunta genera una lista mayor…
entonces, señores, tendremos que admitir que no estamos haciendo teatro.
Luchemos
por un mundo que se comunique. Que se cuestione sobre su propia existencia. Por
un teatro que haga sentir, pero que también haga razonar. Por un teatro lleno
de gente viva, con un interés real por entenderse a si mismo; y, a la vez,
entender, con esto, lo que es ser humano.
Luchemos.
Porque al final, es lo único que nos librara de encerrarnos en el artificio de
contar historias bien pagadas…
Karen Alu Martínez Viveros.
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